Las madres ya no podrán decir lo de “ya eres mayor para jugar con muñecos”. Los softies están aquí para demostrar que no hay edad para que un muñeco de tela sea el protagonista de nuestras estanterías. Eso sí, no sirve un muñeco cualquiera...
A
mí -que cuando era pequeña siempre dejaba arrinconadas a las
muñecas en pos de casi cualquier otra distracción- ahora se me abre
la boca con estos softies o muñecos de autor hechos de tela que son
toda una oda a la imaginación. La explicación a que con el tiempo
estos otros muñecos hayan logrado cautivarme no puede ser otra que
porque su estética particular y su elaboración de manera
artesanal, que les convierte en objetos únicos, los acerca a un
mundo entre el juego y el arte. Un estadio que los hace perfectos
para despertar los resquicios de infancia que conservamos y
satisfacer nuestro gusto por las cosas bonitas y especiales.
Nada
mejor para sumergirnos en este mundo que entrevistar a tres creadoras
con un universo muy personal: las responsables de Lana Pelana, Misako
Mimoko y Jipi Jipi.
Los
comienzos
Cada
una llegó a esta actividad siguiendo un camino diferente: Marta
(Lana Pelana) empezó a crear sus propios muñecos con la intención
de que lo que dibujaba cobrase una vida de la que no era capaz de
dotarlos en el papel. “No quería que mis muñecos parecieran bebés
de trapo, sino personajes sacados de dibujos o garabatos en tres
dimensiones”. María (JipiJipi) es hija de una modista pero nunca
se había interesado por el mundo de la costura hasta que tuvo a su
hija y decidió dejar su trabajo como directora de casting para poder
dedicarle más tiempo. Eva (Misako Mimoko) empezó a trabajar con
materiales textiles cuando estudiaba bellas artes “me interesaban
artistas como Annette Messager, Tony Ousler, Mike Kelley,Tracy Emin,
Sarah Lucas… que incorporaban elementos de la vida cotidiana a sus
obras y utilizaban mucho prendas de ropa y muñecos para construir
personajes. Dejé de hacer cosas durante un tiempo, pero lo retomé
tras asistir a unos talleres de amigurumi”.
Las primeras veces tienen
un don especial para grabarse en la memoria y los primeros softies no
iban a ser menos, Lana Pelana cuenta que el suyo fue un regalo de
cumpleaños para su pareja, “una especie de mini él. El regalo
quedó raro, parecía un muñeco de vudú. Eso fue hace unos cinco o
seis años y desde entonces he aprendido mucho, tanto en el cosido
como en el patrón. Ahora lo hago todo más simplificado”.
La historia del primer
muñeco que hizo Eva es bastante más atípica: “sentí la
necesidad de hacer una muñeca de trapo el día que murió mi abuela.
Pasé la noche antes del entierro cosiendo una muñeca pequeña. Una
vez terminada, la perfumé con la colonia que solía llevar yo, se la
entregué a mi padre y la enterraron con ella”. Más adelante, “el
primer muñeco que hice como Misako Mimoko, fue siguiendo un patrón
de una muñeca de Emily Martin que corría por entonces en la red y
que acabó siendo un muñeco con cuatro patas totalmente diferente”.
En busca de la
expresión
La creación de cada
muñeco implica un cuidado por la estética, los colores, la
combinación de telas empleadas, la expresividad, las formas, el
acabado... Todas ellas parten de un boceto previo que sirve como guía
a la que ser infieles durante el proceso de creación. María intenta
que no pierdan la individualidad y confiesa que “coso
un primer modelo y a veces lo cambio varias veces hasta que el softie
expresa lo que yo me había imaginado”.
Marta disfruta de todo el
proceso: “Empiezo con un boceto, luego busco las telas -muchas son
ropa vieja reciclada, otras las compro- y voy buscando la mejor
combinación. Me encanta bordar la cara de cada uno, ahí "cobran
vida". El primer muñeco era muy historiado, ahora no me importa
tanto el detalle y valoro más que tengan expresión en la cara, un
toque desgarbado y unas telas bonitas”.
Misako Mimoko va más
allá y también habla de las tareas comerciales ligadas a la
creación de los muñecos a las que ella concede igual importancia:
“La fotografía, la presentación en el blog, en las redes
sociales, en la tienda… Vendo únicamente desde mi tienda online,
así que también cuido mucho la relación con la gente que compra
mis cosas, se trata de algo muy personalizado. El proceso del
empaquetado es la guinda final. Intento que la experiencia de la
gente abriendo el paquete que le ha llevado el cartero a su casa sea
una fiesta, como abrir un regalo la mañana de Reyes”.
Niños grandes
Jipi Jipi se creó
cuidando de que todas las telas fueran orgánicas pensando en que sus
dueños serían niños pero María ha descubierto que “son muchos
los adultos que se los compran para sí mismos”. Marta sabe que la
mayoría de sus clientas son treintañeras que a veces los compran
para sus hijos y otras, para ellas.
Igual le pasa a Eva,
salvando una peculiaridad, sus clientes son “algunas mamás, que
compran para decorar la habitación del bebé y, sobre todo, gente
aficionada a muñecos y juguetes antiguos. La
gran mayoría son gente de fuera: muchas americanas, francesas,
australianas, inglesas... La gente de aquí al llegar a ciertas
edades no suele comprar muñecos, como tampoco compran cuentos
infantiles. Creo que es básicamente una cuestión cultural”.
Y tú, ¿aún sigues pensando que los muñecos son para niños?